domingo, 16 de enero de 2011

Espíritu de Jezabel dentro de las iglesias

Era una era de apostasía. Una nación a la que Dios había llamado a ser suya le había vuelto la espalda. Cambiaron su adoración a Dios por los ídolos de un pueblo que alguna vez habían conquistado en su nombre. El rey que gobernaba Israel era hijo de un hombre que había ganado el trono por medio del asesinato. Su nombre, Acab, iba a convertirse en sinónimo del mal.
Detrás de la corrupción del trono de Acab estaba una mujer: Jezabel. Ella esperaba expandir su poder al casarse con Acab, y llevó destrucción sobre los israelitas. Esta destrucción vino por medio de su fanática devoción a los dioses falsos: Baal, deidad masculina del poder y la sexualidad, y Astarot, diosa femenina de la fertilidad, el amor y la guerra. Los rituales para Baal y Astarot implicaban depravadas y licenciosas prácticas sexuales, y abominaciones. La adoración de estos ídolos apelaba a los elementos bestiales y materiales de la naturaleza humana.
En contra de esta apostasía, Dios levantó al profeta Elías, que desafió a Acab y destruyó a los profetas de Baal en el monte Carmelo. Como contrapartida, Satanás levantó a su mensajera para intentar silenciar la voz profética de Dios. Se trataba de la esposa del rey Acab, Jezabel.
Nosotras también vivimos en una era de apostasía. Nuestra sociedad le ha dado la espalda a Dios. El pecado ha infectado al cuerpo de Cristo y a sus líderes. Pero, en medio de la increíble decadencia y depravación de nuestra época, Dios levanta a una generación profética.
Esta generación llevará el espíritu de Elías. Será ungida para realizar señales y milagros, y obtener grandes ganancias para el reino de Dios.
Para los que están familiarizados con las computadoras, podríamos decir que la computadora de su mente ha recibido un virus que hace que responda a los datos de una manera no lógica. Ese virus corrompe, desvía y distorsiona toda la información que es recibida a partir de ese momento. Una fortaleza de Jezabel está programada para manifestarse cuando se “aprietan determinadas teclas”: cuando se producen determinadas situaciones. El virus también influye sobre la actividad de otros que estén en red con esa “computadora”.
Un programa antivirus alerta a la computadora de que existe un virus que opera de manera contraria a las leyes del programa para el que fue diseñada. El antivirus le dice a la computadora cómo reconocer el virus y destruirlo. Para operar de manera eficaz, es posible que la computadora deba ser reprogramada con datos nuevos.
Esta ilustración es un dramático paralelo de lo que sucede en el Reino cuando una fuerza extraña se descarga sobre una iglesia. Su meta es desconectar y destruir personas, ministerios y a toda la iglesia.
Todos somos vulnerables a ser influenciados ocasionalmente por este poder controlador y manipulador. Todos tratamos de controlar a los demás. Cuanto más tiempo una persona obra de manera controladora y manipuladora sin arrepentirse de ello, más fuerte se vuelve ese espíritu. El método fundamental para relacionarse con los demás y obtener el control, será a través de este espíritu.
Aunque las ilustraciones que nos da La Biblia sobre Jezabel son de mujeres, este poder demoníaco no infecta solamente a personas del sexo femenino. Sin embargo, es difícil que un hombre esté bajo la influencia de este espíritu durante mucho tiempo, porque necesita un espíritu de Acab para mantenerse vivo. Por el contrario, el espíritu de Jezabel opera, comúnmente, a través de mujeres, que usan el atractivo y la seducción de este espíritu para lograr sus objetivos.
Así como lo hizo desde el principio, Satanás levanta una fiera oposición contra esta generación profética. El enemigo siempre ha tratado de silenciar las voces proféticas de Dios y de abortar la oración intercesora. Una vez más, su nombre es Jezabel: una fuerza espiritual diabólica que trata de engañar, manchar y destruir a las autoridades de Dios.
Un “espíritu de Jezabel” es un poder espiritual que tiene influencia en todo el mundo. No es simplemente un demonio que posee a un individuo. Es un poder demoníaco de los lugares celestes que trasciende límites geográficos específicos, y puede afectar a naciones enteras.
Sea cual fuere la región en que ingrese este poder, se une al principado que gobierna en ese territorio y colabora con él.
Los poderes de Jezabel obran en conjunción con los principados y potestades que atormentan a las personas (Efesios 6:12).
Estos poderes demoníacos incluyen los espíritus de religión, manipulación, control, lujuria, perversión y ocultismo. Estos espíritus operan –generalmente– en conjunción con un espíritu de Jezabel para construir fortalezas en la mente de una persona.
Cuando se establece una fortaleza de Jezabel en la mente de una persona, yo llamo a ese hecho “caer bajo la influencia de un espíritu de Jezabel”. En ese momento los procesos racionales de la persona comienzan a deteriorarse. Sus pensamientos y acciones se distorsionan.
Jesús anhela liberarnos de lo que nos aprisiona. Todos debemos mirar nuestro pecado y el de los demás, con sinceridad, compasión y esperanza. En la actualidad se necesita desesperadamente que alguien ministre a las personas e iglesias que son oprimidas por este espíritu. Este es el tiempo de que pastores y líderes, con valentía, pongan en acción la gracia.

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